jueves, 29 de septiembre de 2016

Pensamiento para cuando se está confundido en el amor

Pensamientos para un desamor, Si te preguntas si merece la pena seguir con tu pareja, este es un consejo de amor que te servira mucho.


Todos hemos tenido alguna vez relaciones bastante difíciles, apasionadas, con traiciones, obsesiones, dependencias, desencuentros, maltratos… Este tipo de relaciones suceden una y otra vez y nos llevan a preguntarnos si realmente merece la pena seguir buscando nuestra media naranja.




¿En qué momento guerrear y en qué momento retirarse? 

Pues de vez en cuando quedarse es una tontería; por el hecho de que de vez en cuando irse es una cobardía. 

Para contestar al interrogante es esencial comprobar la motivación que nos tiene unidos. Y algo que es muy común es la cobardía. Más de una vez las personas se enfrascan en relaciones dependientes, basadas en la creencia de que no se puede vivir sin el otro. Muchos sacrifican su espíritu y su vida en una relación que en el fondo es mediocre, por el hecho de que piensan que no hay vida ni amor sin su pareja. Es una fantasía que comparten millones de dependientes, y sus contrapartes, millones de explotadores que, en su campo falso, fabrican cada día vidas miserables. La realidad es que siempre y en toda circunstancia hay vida y amor sin la pareja. 

Si la motivación más grande para quedarse con tu pareja es el temor, entonces es mejor irse. En términos generales, las motivaciones dependientes garantizan un amor amargo. Por más duro que nos parezca, es mejor desprenderse.


La lucha debe ser recíproca

Como primera medida, cerciórese de que sea una lucha de ambos. Con cierta frecuencia emprendemos largas y dolorosas batallas hasta darnos cuenta demasiado tarde de que estuvimos peleando solos, de que la guerra no fue justa, de que a lo largo de bastante tiempo preferimos apegarnos a una ilusión, que oír una realidad que charlaba de mil formas.

Uno no se puede quedar cuando el otro (o bien uno mismo) vive dormido en la vagancia, en las verdades a medias o bien en las patrañas.


Autoestima

Por otra parte, el que no se quiere a sí mismo no puede amar absolutamente a nadie. Si estamos apegados a una pareja que se suicida veloz o bien de manera lenta, no podemos esperar a que sienta y diga que somos lo único que ama en la vida. Es mentira: uno no puede dar de lo que no tiene. Si nuestra pareja se detesta y se autodestruye a sí misma, es mejor huir.

Las relaciones de pareja demandan un frágil equilibrio entre el dar y recibir. Un amor bastante difícil no se supera en el momento en que un miembro da y da y da, y el otro recibe y recibe y recibe. La deuda se va a hacer demasiado grande. Devuelva siempre y en todo momento un tanto más de lo bueno, y asimismo un tanto menos de lo malo. Si no hay forma de lograr el equilibrio entre el dar y el recibir, lo sano es irse.

Si uno de los 2 no puede tener hijos y la realización del otro depende de tenerlos, no hay nada que hacer. Tarde que temprano se apreciará la frustración, el desequilibrio de propósitos trazados. De esta manera sucede asimismo con las inclinaciones, los deseos, las vocaciones, etc.. 

Hay partes de nosotros que si renunciamos a ellas nos dejan sin espíritu y con el corazón vacío. En esas condiciones no podemos querer. 

En los desafíos vemos la madera de la que estamos hechos. Crea lo que ve. Si su pareja es fenomenal hasta en las peores situaciones, entonces ahí hay una apuesta por hacer. Mas si lo que ve es bajeza, no piense que las cosas cambiarán en mejores situaciones. La gente no cambia porque la pareja lo implore. La gente cambia cuando la vida le abre los ojos.

La tolerancia es de vez en cuando una de las caras de la tontería. Si exactamente las mismas cosas se repiten una y otra vez, pregúntese qué no desea aceptar, qué elecciones y resoluciones no has tomado y qué acciones no has emprendido. Tenga un límite en su paciencia y establezca un punto de quiebre. Las reiteraciones son los signos de las fallas que no se han asumido.

Por último, la confianza es un factor vital para encarar las relaciones difíciles. Muchos aceptan la batalla sin confianza. ¿Confiamos de manera plena en nuestra pareja? Si es de este modo, merece la pena luchar; si no, no existe nada que hacer. La pareja lo agradecerá.

Mas si es la verdad lo que siempre y en toda circunstancia queda tras las batallas; si la relación, en vez de tapar, desnuda; si cada uno de ellos conserva el sagrado espacio de la libertad; y si te entregas en las manos de tu compañero en los tropiezos, entonces merece la pena quedarse. Cuando amanezca, vas a poder contar lo que es un amor de veras.

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