Un gran ejemplo de como los cisnes nos enseñan a ser mejores amantes, llenos de fidelidad para con nuestra relacion amorosa.
Hoy día, cuando los sacerdotes y ministros dan la bendición a las nuevas parejas y pronuncian la oración “hasta que la muerte los separe”, los que asisten se miran y sonríen tímidamente, puesto que cada vez son menos los matrimonios que duran.El tema de la “picazón del séptimo año”, como se llamaba al periodo de crisis que vivían las parejas de antaño. Al parecer, los matrimonios nacen con picazón, y la crisis comienza tan pronto como él se quita el esmoquin y se baja del ostentoso vestido de novia.
Sin embargo, hay científicos que pretenden eludir que los novios crucen los dedos para que el matrimonio les dure. La Universidad de Stony Brook está dispuesta a derribar el mito moderno de que el amor eterno no existe.
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| Amar toda la vida, es posible. |
¿Eso dónde lo venden?
Eso no viene en pildoritas. Mucho menos se encuentra a la mano en las ofertas de T.V.. En contraste a lo que nos han venido vendiendo en este mundo moderno tan mercantil, todo se debe a una sana combinación de tiempo, eros, ágape y trabajo, un (así llamado por los estudiosos) “intenso compañerismo y entusiasmo sexual”.Los expertos han apodado a estos agraciados con el nombre de “parejas cisnes”, porque comparten “mapas mentales de amor” similares a aquellas parejas de animales que son fieles para toda la vida, como los cisnes, los ratones de campo y los zorros grises.
Los cisnes, en particular, representan el amor eterno. Son monógamos: una vez hallan su pareja, se unen a ella de por vida, separándose en las migraciones y volviéndose a localizar, hasta la muerte. Contrario a ciertos hombres modernos que, sin migrar, acaban enamorados de otra mujer, y volverlos a encontrar es toda una aventura. Algunos alzan vuelo y ni siquiera vuelven para firmar el divorcio.
Los cisnes representan la pureza del alma, su blancura y gracia simbolizan la luz espiritual y el amor que continúa.
¿Cómo lograr esto en un matrimonio humano?
El secreto es no dejarlo morir. Si hay interés, el amor se alimenta del amor, del esfuerzo por ser “amable”, en el sentido de provocar amor en el otro.Hay que desmontar esa idea romántica de que el amor lo disculpa todo, lo soporta todo, lo espera todo, y no se transforma. De este modo no hay amor que aguante. Una pareja sin tiempo dedicada exclusivamente a trabajar y producir plata, no se resiste a sí misma. Una pareja con gran descuido en su aspecto, a la que no le importa lo que el otro piense de ella, no puede llegar demasiado lejos. Una pareja sin complicidad y sin ternura ni tan siquiera merece persistir. El amor no debe ser una tortura.
Una pareja que no tiene creatividad para renovar la relación de pareja, no puede esperar mucho de su porvenir. El amor durable necesita de la combinación que enunciaba antes: tiempo, eros, ágape y trabajo, todo reunido bajo un “intenso compañerismo y entusiasmo sexual”.
En el campo laboral, es preciso que la pareja deje de trabajar cara afuera, para trabajar hacia adentro en la construcción de su proyecto conjunto. Es preciso, en el campo erótico, que la pasión se mantenga viva. Basta con que deje de mirar tanta T.V. y le eche una miradita a su pareja, a ver si redescubre su belleza.
Cuando las parejas se vuelven a mirar a los ojos, y dejan de meditar en lo que sucede afuera, en la remodelación, en el instituto de los niños, o bien en las novelas de moda, se redescubren a sí y redescubren el amor.
Muchos arguyen que la pasión se extingue naturalmente al comienzo de las relaciones. Sin embargo, el descubrimiento de la Universidad de Stony Brook desmiente lo que se cree usualmente de que el amor y el deseo sexual alcanzan su pico al comienzo de la relación y rechazan conforme pasan los años. Investigaciones previas sugerían que ese estado inicial comenzaba a decaer a los quince meses y desaparecía por completo a los diez años.
El escaneo cerebral de la pareja de cisne nos ha explicado que las reacciones quimicas, en el momento que se les presentaba una imagen de su amado o amada, eran similares a las que se advierten en las parejas que viven la alborada del amor apasionado: exactamente la misma explosión de dopamina.
Un cisne cuando está a punto de fallecer, canta de una forma armoniosa y prácticamente mágica. El sonido de ese canto puede escucharse a cinco ó seis kilómetros de distancia en los espacios abiertos, y se asemeja, por instantes, a la música de un corno. En la agonía, aquel sonido cambia misteriosamente y se asemeja mucho al tocar de unas campanas.
La música es un conjunto de armonías semejantes a un lamento, pero también a un himno de alegría. Los demás cisnes tiene el conocimiento de que se trata, y guardan una suerte de respetuoso reconocimiento. La escena puede durar unos minutos, después de los que el cisne muere.
La pareja del cisne muerto se distancia del lugar, separándose de todos los que fueron sus compañeros, y jamás más se vuelve a saber de ella.
Que interesante sería nadar como cisne. Esperemos muchos lo intenten. No hay que perder la esperanza. Probablemente va a haber otro que quiera nadar al mismo ritmo. Es suficiente con apropiarse del “intenso compañerismo y el entusiasmo sexual”. Póngase a prueba, tal vez ha hecho poco al respecto. Eso sí, si su pareja no nada con el estilo que usted lo hace, vuele. Nada harás tratando de convertir un hipopótamo, que asimismo vive en los lagos, en un cisne.

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